Los que habitan con Dios

Salmo 15

El Salmo 15 responde a una pregunta que atraviesa toda la Escritura: ¿quién puede vivir en la presencia de Dios? David no pregunta quién puede visitarlo un momento, sino quién puede permanecer, habitar y mantenerse firme delante de Él. Esta no es una invitación a cumplir una lista de cualidades morales, sino una revelación de la naturaleza del renacido. El hombre natural, influenciado por la carne, puede esforzarse en parecer justo, pero no puede vivir en la verdad porque su corazón no ha sido transformado. Este salmo no describe lo que el hombre debe intentar ser, sino lo que el Espíritu produce en quienes han sido recibidos por Cristo. Habitar en el tabernáculo y morar en el monte santo no son logros humanos: son la vida del Reino manifestándose en un corazón nuevo. El salmo describe la evidencia de esa naturaleza: un caminar recto que no nace de disciplina, sino de vida; un hablar verdadero que no proviene de buena educación, sino de la luz; una relación con el prójimo que no está definida por el interés personal, sino por la justicia que Dios establece. El mensaje central es que la permanencia en la presencia de Dios no es mérito humano, sino el fruto inevitable de la obra de Dios en el corazón del justo.

“Jehová, ¿quién habitará en tu tabernáculo? ¿Quién morará en tu monte santo?” (Salmo 15:1)

David formula una pregunta que revela la distancia entre la santidad de Dios y la incapacidad humana. Habitar y morar indican permanencia, estabilidad, comunión continua. El monte santo representa la esfera del Reino donde solo puede permanecer aquel que comparte la naturaleza de Dios. La pregunta no es sobre acceso físico, sino sobre compatibilidad espiritual. El hombre natural no puede habitar allí porque su naturaleza no soporta la luz.

“El que anda en integridad y hace justicia, Y habla verdad en su corazón.” (Salmo 15:2)

Aquí comienza la descripción de la vida del renacido. Andar en integridad no significa perfección humana, sino sinceridad espiritual: un corazón sin doblez porque ha sido iluminado por Dios. Hacer justicia no es cumplir normas, sino actuar conforme a la vida que proviene del Espíritu. Y hablar verdad en el corazón significa que su interior ya no está gobernado por la mentira de la carne, sino por la verdad del Reino. Es una transformación interna que se manifiesta externamente.

explicacion salmo 15

“El que no calumnia con su lengua, Ni hace mal a su prójimo, Ni admite reproche alguno contra su vecino.” (Salmo 15:3)

La lengua revela la naturaleza. El que permanece con Dios no calumnia porque la verdad gobierna su interior. No hace mal porque la justicia de Dios define sus relaciones. No admite reproche, es decir, no participa ni da espacio a conversaciones que destruyen a otros. La carne se alimenta de la crítica; el Espíritu produce un corazón que protege y edifica.

“Aquel a cuyos ojos el vil es menospreciado, Pero honra a los que temen a Jehová; El que aun jurando en daño suyo, no por eso cambia.” (Salmo 15:4)

El justo discierne. No se deja impresionar por la apariencia del mundo ni por sus pretendidos éxitos; reconoce la vileza cuando la ve y no la celebra. Honra a los que temen a Dios porque ve en ellos la obra del Espíritu. Y cuando da su palabra, la cumple aunque le cueste, porque su fidelidad no depende de conveniencia, sino de verdad. La carne cambia según el beneficio; el renacido permanece según la naturaleza que ha recibido.

“El que su dinero no dio a usura, Ni contra el inocente admitió cohecho.” (Salmo 15:5a)

Aquí Dios expone el corazón en el ámbito económico. El justo no utiliza su dinero para oprimir, manipular o sacar ventaja del débil. No participa en corrupción ni se vende por ganancia. La carne utiliza los recursos para exaltarse; el Espíritu gobierna inclusive el uso del dinero para reflejar justicia y generosidad. La economía del Reino se revela en la integridad del corazón.

“El que hace estas cosas, no resbalará jamás.” (Salmo 15:5b)

Esta conclusión no es una promesa condicional, sino una declaración espiritual: el que vive estas realidades no resbala porque no depende de sí mismo, sino de la vida de Dios dentro de él. No resbalará jamás porque la obra es de Dios, no del hombre. La estabilidad del justo no proviene de su disciplina, sino de su naturaleza nueva. Permanecer no es esfuerzo: es consecuencia.

salmo 15 cantado

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