Salmo 104
El Salmo 104 es una contemplación profunda de la creación, pero no desde una perspectiva naturalista, sino teológica. No se centra en la creación como un sistema autónomo, sino como una obra continuamente sostenida por Dios.
A diferencia de Génesis 1, que describe el acto inicial de la creación, este salmo presenta a Dios como el sustentador constante de todo lo creado. No solo creó el mundo; lo mantiene en funcionamiento.
El texto recorre distintos aspectos de la naturaleza —la luz, los cielos, el agua, los animales, el hombre— mostrando que cada elemento depende de la acción continua de Dios.
Desde la verdad del Reino, este salmo revela que la creación no es independiente. Todo lo que existe vive bajo la provisión, el orden y la autoridad de Dios.
“Bendice, alma mía, a Jehová. Jehová Dios mío, mucho te has engrandecido; Te has vestido de gloria y de magnificencia. El que se cubre de luz como de vestidura, Que extiende los cielos como una cortina. Que establece sus aposentos entre las aguas, El que pone las nubes por su carroza, El que anda sobre las alas del viento; El que hace a los vientos sus mensajeros, Y a las flamas de fuego sus ministros” (Salmo 104:1–4)
El salmo comienza como el 103: con un llamado personal a bendecir a Dios. Pero inmediatamente eleva la mirada. Dios es descrito como vestido de gloria y magnificencia. Se cubre de luz como de un manto. Extiende los cielos. Hace de los vientos sus mensajeros. La creación no es solo obra de Dios; refleja su grandeza.
“El fundó la tierra sobre sus cimientos; No será jamás removida. Con el abismo, como con vestido, la cubriste; Sobre los montes estaban las aguas. A tu reprensión huyeron; Al sonido de tu trueno se apresuraron; Subieron los montes, descendieron los valles, Al lugar que tú les fundaste. Les pusiste término, el cual no traspasarán, Ni volverán a cubrir la tierra” (Salmo 104:5–9)
Aquí se describe el orden de la creación. La tierra está establecida. Las aguas cubrían todo, pero Dios las limitó. El caos es contenido. La creación no es desordenada; está gobernada. El Reino se manifiesta en ese orden.
“Tú eres el que envía las fuentes por los arroyos; Van entre los montes; Dan de beber a todas las bestias del campo; Mitigan su sed los asnos monteses. A sus orillas habitan las aves de los cielos; Cantan entre las ramas. El riega los montes desde sus aposentos; Del fruto de sus obras se sacia la tierra” (Salmo 104:10–13)
Dios provee agua para la tierra. Los animales beben. Las aves habitan. Los montes reciben lluvia. La provisión no es casual. Es resultado de la acción divina.
“El hace producir el heno para las bestias, Y la hierba para el servicio del hombre, Sacando el pan de la tierra, Y el vino que alegra el corazón del hombre, El aceite que hace brillar el rostro, Y el pan que sustenta la vida del hombre. Se llenan de savia los árboles de Jehová, Los cedros del Líbano que él plantó. Allí anidan las aves; En las hayas hace su casa la cigüeña. Los montes altos para las cabras monteses; Las peñas, madrigueras para los conejos” (Salmo 104:14–18)
Dios provee alimento. Para animales y para el hombre. El pan, el vino, el aceite. Todo lo necesario para la vida. La creación funciona porque Dios sostiene sus procesos. Los árboles, los montes, los refugios de los animales. Todo tiene un propósito.
“Hizo la luna para los tiempos; El sol conoce su ocaso. Pones las tinieblas, y es la noche; En ella corretean todas las bestias de la selva. Los leoncillos rugen tras la presa, Y para buscar de Dios su comida. Sale el sol, se recogen, Y se echan en sus cuevas. Sale el hombre a su labor, Y a su labranza hasta la tarde” (Salmo 104:19–23)
Dios establece el tiempo. El día y la noche. Las estaciones. Los animales actúan según ese orden. El hombre trabaja durante el día. La vida sigue un ritmo diseñado por Dios. El Reino no es caos; es orden funcional.
“¡Cuán innumerables son tus obras, oh Jehová! Hiciste todas ellas con sabiduría; La tierra está llena de tus beneficios. He allí el grande y anchuroso mar, En donde se mueven seres innumerables, Seres pequeños y grandes. Allí andan las naves; Allí este leviatán que hiciste para que jugase en él” (Salmo 104:24–26)
El salmista reconoce la sabiduría de Dios. La tierra está llena de sus beneficios. El mar contiene innumerables criaturas. Incluso las grandes bestias marinas. Todo existe bajo la autoridad de Dios.
“Todos ellos esperan en ti, Para que les des su comida a su tiempo. Les das, recogen; Abres tu mano, se sacian de bien. Escondes tu rostro, se turban; Les quitas el hálito, dejan de ser, Y vuelven al polvo. Envías tu Espíritu, son creados, Y renuevas la faz de la tierra” (Salmo 104:27–30)
Aquí aparece una verdad clave. Toda la creación depende de Dios. Él da alimento. Él quita el aliento. Él envía su espíritu. La vida y la muerte están bajo su control. La creación no es autónoma. Depende continuamente de Dios.
“Sea la gloria de Jehová para siempre; Alégrese Jehová en sus obras. El mira a la tierra, y ella tiembla; Toca los montes, y humean” (Salmo 104:31–32
El salmista responde con adoración. La gloria de Dios es eterna. Dios se regocija en su obra. Pero también tiene poder para transformar. La tierra tiembla si Él la toca. El Reino incluye gozo y autoridad.
“A Jehová cantaré en mi vida; A mi Dios cantaré salmos mientras viva. Dulce será mi meditación en él; Yo me regocijaré en Jehová. Sean consumidos de la tierra los pecadores, Y los impíos dejen de ser. Bendice, alma mía, a Jehová. Aleluya” (Salmo 104:33–35)
El salmo termina con una respuesta personal. El salmista decide alabar mientras viva. Su meditación es agradable. Pero también aparece un contraste final. Los pecadores desaparecerán. El mal no permanecerá. El Reino no solo sostiene la creación; también elimina lo que la corrompe.
Este salmo muestra que: Dios no solo creó el mundo; lo sostiene continuamente. La creación refleja la gloria y sabiduría de Dios. El orden natural es expresión del gobierno divino. Toda provisión proviene de Dios. La vida depende completamente de su acción. El tiempo y los ciclos están bajo su control. La creación responde al gobierno de Dios. El Reino incluye tanto provisión como juicio sobre el mal.
El Salmo 104 encuentra su cumplimiento en Cristo de manera profunda. El Nuevo Testamento revela que todas las cosas fueron hechas por medio de Él y que en Él subsisten. Cristo no solo participa en la creación; la sostiene. Además, la vida que el salmo describe como dependiente de Dios se manifiesta plenamente en Cristo como fuente de vida. El dominio sobre la creación —viento, mar, vida— que Jesús mostró confirma esta verdad.
Así, lo que el salmista contempla en la creación encuentra su revelación completa en el Hijo, quien sostiene todo con su poder.






