Salmo 12
El Salmo 12 es un clamor profundo frente a un mundo donde la mentira domina y la verdad parece desaparecer. David observa una sociedad llena de palabras vacías, halagos falsos y lenguas arrogantes, y exclama: “Salva, oh Jehová”. No es simplemente una súplica por protección, sino una declaración sobre la corrupción del sistema y la necesidad absoluta de una intervención divina.
Este salmo expone la diferencia entre la palabra del hombre, influenciada por la carne y usada para manipular, seducir o controlar, y la Palabra de Dios, que es pura, firme e inquebrantable como plata refinada. Allí donde el hombre habla para engañar, Dios habla para actuar. Y mientras los impíos se multiplican, el Señor se levanta para poner a salvo a quienes son oprimidos por el sistema falso.
El mensaje central del salmo es claro: cuando la verdad humana desaparece, la única verdad que permanece es la Palabra del Señor. Y esa Palabra no solo revela, sino que guarda y sostiene en medio de la corrupción del mundo.
“Salva, oh Jehová, porque se acabaron los piadosos; Porque han desaparecido los fieles de entre los hijos de los hombres.” (Salmo 12:1)
David siente el vacío de un mundo donde la verdad y la rectitud parecen extinguirse.
No dice que escasean: dice que se acabaron.
Es la percepción humana frente a una sociedad donde la mentira gobierna.
Este verso revela la impotencia del hombre frente a la corrupción generalizada. Cuando el corazón humano mira alrededor y no ve fidelidad, reconoce su única esperanza: la salvación solo puede venir de Dios.
El problema no es que falten personas sinceras, sino que la carne ha dominado el ambiente. Y cuando la carne gobierna, la fidelidad desaparece.
“Hablan mentira cada uno con su prójimo; Hablan con labios lisonjeros, y con doblez de corazón.” (Salmo 12:2)
El sistema del mundo se sostiene en palabras falsas.
No son mentiras aisladas: es un lenguaje completo de falsedad, halago, manipulación, apariencia y doble intención.
Los “labios lisonjeros” representan la estrategia humana para obtener lo que quiere mediante palabras agradables pero vacías.
La “doblez de corazón” muestra que la mentira no está solo en la boca, sino en la naturaleza.
Este verso revela que la carne no busca la verdad; busca provecho.
“Jehová destruirá todos los labios lisonjeros, Y la lengua que habla jactanciosamente;” (Salmo 12:3)
Aquí aparece la justicia de Dios. La mentira puede extenderse, pero no prevalecerá.
Los labios que lisonjean y las lenguas orgullosas serán destruidas, no por accidente, sino por juicio directo.
Dios no tolera un sistema que se sostiene en falsedad.
Cada palabra arrogante, cada manipulación, cada discurso que engrandece al hombre será derribado.
La carne habla para exaltarse; el Reino habla para revelar la verdad.
“A los que han dicho: Por nuestra lengua prevaleceremos; Nuestros labios son nuestros; ¿Quién es señor de nosotros?” (Salmo 12:4)
Este verso muestra la raíz espiritual del problema: la rebelión. La lengua se convierte en arma para dominar, controlar y dominar al prójimo.
“Por nuestra lengua prevaleceremos” es la esencia del sistema: la confianza no está en Dios, sino en la habilidad propia.
“¿Quién es señor de nosotros?” es la declaración del hombre natural que vive sin reconocer ningún señorío más allá de sí mismo.
Es la voz de la carne que no se somete a la verdad y cree que puede determinar su propio destino.
“Por la opresión de los pobres, por el gemido de los menesterosos, ahora me levantaré, dice Jehová; Pondré en salvo al que por ello suspira.” (Salmo 12:5)
Aquí aparece la respuesta de Dios. El Señor se levanta frente a la opresión y el engaño. El gemido de los que sufren no queda sin respuesta.
La presión del sistema, basado en palabras falsas, oprime a los débiles. Pero Dios no actúa porque ellos luchen, sino porque Él escucha.
“Pondré en salvo al que por ello suspira”: el que reconoce su incapacidad y clama a Dios es puesto en un lugar seguro, no por su fuerza, sino por el levantamiento del Señor.
“Las palabras de Jehová son palabras limpias, Como plata refinada en horno de tierra, Purificada siete veces.” (Salmo 12:6)
Este verso es el núcleo teológico del salmo. El contraste es total: frente a las palabras falsas del hombre, las palabras de Dios son limpias, puras, sin mezcla, sin doble intención.
La comparación con la plata purificada siete veces expresa perfección absoluta.
La Palabra de Dios no tiene engaño, no tiene agenda humana, no pretende manipular: revela, ilumina y sostiene.
Mientras el habla humana cambia según la intención del corazón, la Palabra de Dios es eternamente estable.
“Tú, Jehová, los guardarás; De esta generación los preservarás para siempre.” (Salmo 12:7)
La preservación no proviene del esfuerzo humano, sino de Dios.
El justo no se sostiene porque se mantenga fuerte en medio del engaño, sino porque el Señor lo guarda.
“Esta generación” se refiere a la generación de la mentira, la cultura de la falsedad que domina el mundo. Dios promete guardar a los suyos no por un tiempo limitado, sino para siempre.
“Cercando andan los malos, Cuando la vileza es exaltada entre los hijos de los hombres.” (Salmo 12:8)
El salmo cierra diagnosticando la realidad del sistema: los malos avanzan cuando la vileza es celebrada. Cuando el mal es aplaudido, los impíos se multiplican.
Pero este cierre no es desesperanza. El contraste ya fue establecido: los malos rodean, sí; la vileza se exalta, sí; pero Dios guarda, Dios se levanta, Dios juzga y Dios habla con Palabra pura.
El sistema de mentira puede rodear al justo, pero no puede tocar la verdad que lo sostiene.






