Salmo 113
El Salmo 113 introduce una tensión que solo puede resolverse en la verdad del Reino: Dios es absolutamente exaltado, pero al mismo tiempo se inclina hacia lo más bajo. No hay contradicción, hay revelación. Lo que para la lógica humana es incompatible, en Dios es plenamente coherente.
Este salmo no busca describir al hombre ni sus procesos, sino revelar el carácter de Dios. Y lo hace desde dos extremos: su altura incomparable y su cercanía inesperada. No se presenta a un Dios distante que observa desde lejos, ni a uno reducido que se adapta al hombre. Se muestra a un Dios que, siendo supremo, decide mirar hacia abajo.
Aquí se rompe una idea profundamente arraigada en el pensamiento humano: que Dios solo se relaciona con lo grande, lo digno o lo fuerte. El salmo muestra exactamente lo contrario. Dios se inclina hacia lo bajo, lo necesitado, lo que no tiene valor en el sistema humano.
Esto no es un gesto emocional ni puntual. Es parte de su naturaleza. Dios no actúa así por obligación ni por reacción, sino porque así es Él. Y esto revela una verdad central: el acceso a Dios no depende de la elevación del hombre, sino de la condescendencia de Dios.
“Alabad, siervos de Jehová, Alabad el nombre de Jehová” (Salmo 113:1)
La alabanza no se dirige a lo que Dios hace únicamente, sino a su nombre, es decir, a su naturaleza. No es una reacción emocional, es un reconocimiento.
“Sea el nombre de Jehová bendito Desde ahora y para siempre. Desde el nacimiento del sol hasta donde se pone, Sea alabado el nombre de Jehová” (Salmo 113:2–3)
Dios no cambia. No mejora ni empeora. Su naturaleza es constante.
No hay lugar donde Dios no sea digno de reconocimiento. No depende de cultura, ubicación o tiempo.
“Excelso sobre todas las naciones es Jehová, Sobre los cielos su gloria. ¿Quién como Jehová nuestro Dios, Que se sienta en las alturas, Que se humilla a mirar En el cielo y en la tierra?” (Salmo 113:4–6)
Dios no está limitado a un pueblo o sistema. Su autoridad es total.
Aquí se establece su incomparable grandeza. No hay punto de comparación.
Este versículo es clave. Dios no solo está alto; se inclina. No porque deba, sino porque quiere. Su mirada hacia lo creado ya es un acto de condescendencia.
“El levanta del polvo al pobre, Y al menesteroso alza del muladar, Para hacerlos sentar con los príncipes, Con los príncipes de su pueblo. El hace habitar en familia a la estéril, Que se goza en ser madre de hijos. Aleluya” (Salmo 113:7–9)
Dios no mejora la posición del hombre; lo levanta desde lo más bajo. No hay mérito previo.
El cambio no es progresivo, es radical. De lo más bajo a una posición elevada. No por esfuerzo humano, sino por acción divina.
Aquí se muestra otra dimensión: Dios interviene donde no hay posibilidad natural. La esterilidad representa imposibilidad total.
Dios no colabora con lo posible; actúa donde no hay vida.
Este salmo nos muestra que: Dios es absolutamente exaltado y no comparable a nada creado. Su grandeza no lo aleja del hombre; le permite inclinarse hacia él. El acceso a Dios no depende de la elevación del hombre, sino de la acción de Dios. Dios no actúa sobre lo que ya es fuerte, sino sobre lo que está en lo más bajo. La intervención de Dios no es progresiva, es transformadora desde la raíz. Donde el hombre ve imposibilidad, Dios actúa con libertad. La obra de Dios no responde al mérito, sino a su propia naturaleza.
Este salmo encuentra su cumplimiento pleno en Jesucristo.
Cristo es la expresión perfecta de esta tensión: siendo Dios, se hizo hombre. No descendió parcialmente, sino completamente.
Donde el salmo dice que Dios “se humilla a mirar”, en Cristo se revela algo aún mayor: Dios no solo mira, entra.
Él no vino a mejorar la condición del hombre desde fuera, sino a introducirse en ella. Nació en lo humilde, vivió entre los despreciados, se acercó a los que no tenían valor en el sistema.
Y no solo levantó al hombre del polvo; llevó esa condición hasta la cruz. Allí no solo se identifica con lo bajo, sino que lo transforma desde dentro.
El levantamiento del pobre y del menesteroso encuentra en Cristo su cumplimiento total. No es un cambio externo, es una nueva vida.






