Salmo 98
El Salmo 98 es una proclamación de victoria. No es un lamento ni una petición, sino un anuncio: Dios ha actuado. Su salvación ha sido manifestada y ahora toda la creación está llamada a responder.
El salmo mantiene el lenguaje del “cántico nuevo”, pero aquí el énfasis está en el motivo de ese canto: las maravillas que Dios ha hecho. La salvación no es una idea futura únicamente; es una realidad que ya ha comenzado a revelarse.
Este texto conecta la salvación con la manifestación de la justicia de Dios. No se trata solo de liberación individual, sino de la revelación pública de su carácter delante de las naciones.
Desde la verdad del Reino, este salmo muestra que la obra de Dios no puede permanecer oculta. Cuando Él salva, su gloria se hace visible, y la respuesta adecuada es adoración universal.
“Cantad a Jehová cántico nuevo, Porque ha hecho maravillas; Su diestra lo ha salvado, y su santo brazo. Jehová ha hecho notoria su salvación; A vista de las naciones ha descubierto su justicia. Se ha acordado de su misericordia y de su verdad para con la casa de Israel; Todos los términos de la tierra han visto la salvación de nuestro Dios” (Salmo 98:1–3)
El salmo comienza con una declaración clara: Dios ha hecho maravillas. Su diestra y su santo brazo han obrado salvación. La imagen del brazo de Dios representa su poder activo en la historia. La salvación no es resultado del esfuerzo humano, sino de la intervención divina. Además, se afirma que Dios ha hecho notoria su salvación. No es un acto oculto. Las naciones ven su justicia. Esto revela una dimensión pública del Reino.
“Cantad alegres a Jehová, toda la tierra; Levantad la voz, y aplaudid, y cantad salmos. Cantad salmos a Jehová con arpa; Con arpa y voz de cántico. Aclamad con trompetas y sonidos de bocina, Delante del rey Jehová” (Salmo 98:4–6)
El llamado se amplía. Toda la tierra es invitada a celebrar. Se mencionan instrumentos: arpa, trompeta, salterio. La adoración se expresa con intensidad y diversidad. El centro de esta celebración es el Rey. Dios es reconocido como el gobernante supremo. La adoración no es solo emocional; es una declaración de lealtad.
“Brame el mar y su plenitud, El mundo y los que en él habitan; Los ríos batan las manos, Los montes todos hagan regocijo” (Salmo 98:7–8)
La adoración trasciende al ser humano. El mar, el mundo, los ríos y los montes participan. Los ríos baten las manos. Los montes cantan. Estas imágenes expresan una verdad profunda: la creación responde al gobierno de Dios. El Reino no afecta solo a la humanidad; involucra toda la creación.
“Delante de Jehová, porque vino a juzgar la tierra. Juzgará al mundo con justicia, Y a los pueblos con rectitud” (Salmo 98:9)
El salmo culmina con una afirmación clave. Dios viene. Y su venida está ligada al juicio. Pero este juicio no es motivo de temor para la creación. Es motivo de alegría. Porque juzgará con justicia y rectitud. El juicio de Dios trae orden, no caos. El Reino se manifiesta plenamente cuando la justicia se establece.
Este salmo muestra que: La salvación es obra directa del poder de Dios. La obra de Dios se manifiesta públicamente ante las naciones. La adoración es la respuesta natural a la salvación. El Reino de Dios se celebra con gozo y reconocimiento del Rey. Toda la creación participa en la respuesta al gobierno divino. El juicio de Dios es justo y produce alegría en el orden restaurado. El Reino no es oculto; se manifiesta con claridad.
El Salmo 98 encuentra su cumplimiento pleno en Cristo. La salvación que el salmista anuncia se manifiesta definitivamente en la obra del Hijo. Cristo es la diestra de Dios que trae salvación. En Él, la justicia de Dios es revelada públicamente. Además, el anuncio a las naciones se cumple en la expansión del evangelio. El cántico nuevo continúa en la proclamación del Reino en todo el mundo. La referencia al juicio final también encuentra su cumplimiento en Cristo, quien vendrá a juzgar con justicia.
Así, este salmo no solo celebra una obra pasada, sino que apunta a la manifestación completa del Reino en el Hijo.






